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jueves, 3 de enero de 2013

Un final

Tiempo; cae la mañana y pido tiempo.

Un suspiro se une al otro, entre sueños, nostalgia y nada mejor que hacer en la temprana madrugada.
Los días siempre iguales se agolpan en el nuevo calendario y sigo yo aquí, pidiendo tiempo como si mendigando lo fuera a conseguir en la palma de la mano, junto con la sonrisa que a todas horas se anhela.

Y luego vienes, regresas.
Tú, tan inmutable como la nada, tan sencilla como aquella mañana fresca en que mis ojos se encontraron con los tuyos.
Y el aire gélido de la ciudad adormilada me arrulla, regresa mis pasos por todos esos pasillos recorridos, entre el tiempo y el espacio y más allá, a la fecha y hora en que, tan cercanos, renuncié a ti.

A veces pienso -y me gusta hacerlo-, pienso en un mundo alterno, un día que nunca se cumplió; un despertar frente a frente, un sonreír mutuo, un caminar por los pasillos de la mano y en abrazo eterno un fundirse entre los extraños que rodean sin estar, apenas existiendo.

¿Sabes?, la nostalgia me hizo soñarte algunas veces.
Te soñaba riendo, te soñaba corriendo; incluso te soñaba enojada, llorando o maldiciendo; y siguen ahí los sueños; y te puse otro nombre y te escribí, y a sazón te escribí poesía, prosas impronunciables, imposibles; cuentos de hadas, dragones y -¿cómo iban a faltar?- unicornios azules.

Y luego sin más me alejé, esto de ser buen perdedor se me da bien, no eres la primera, pero sí la última, he de decir.

La vida es vacía, apenas sabe, pero sabe al menos.
No sabe a tus labios, no, porque no tengo manera de conocer su sabor; sé que no es el sabor de la piel tersa que me gusta acariciar ocasionalmente, ni el cabello en el que me gusta matar mi tiempo, a más que mi amor reviva.

La gran incógnita siempre serás tú, el gran misterio sin resolver, una caja abierta a la que nunca atreví a asomarme.
Pido tiempo, pero el tiempo me pide a mi.

Y sólo por eso mantengo una esperanza, pequeña, efímera, estúpida, de que otra vida exista más allá de las oportunidades vencidas.

Eterna luz de Luna que guía la razón,
razón embriagada de amor,
amor que se volcó hacia la nada,
nada que ríe, desaforada,
desaforo que intima las miradas,
intimidad que nunca fue.

Y con eso termino. Gracias.

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